SE DESPERTÓ BRUSCAMENTE. Eran las 5:30 de la madrugada. Sintió correr ese líquido providencial entre las sábanas de su cama. Costosamente se levantó y preparó un bolso de mano con ropa de cama y unas mudas de ropa. Su padre y la hermana la esperaban en el auto para partir.
A las 7:15 se encontraba en ese establecimiento lúgubre. Era la segunda vez que pasaba por esto. En la mesa de entrada le pidieron sus datos personales:
-¿Nombre?- le preguntó la recepcionista.
-Cristina- le respondió.
-¿Edad?- le volvió a preguntar.
-Veintiocho años- le contestó ella.
-Este es el número de su habitación y cama- le indicó en un papel la recepcionista.
Estaba en su cama en la habitación asignada. El médico le dijo que todo terminaría alrededor de las 13:30, los nervios la consumían y su vientre parecía explotar. La primera vez que pasó por esa circunstancia tenía veinticuatro años
Era la mañana de un domingo de mayo. Una mañana gris y con probabilidad de lluvia. Se acercaba el mediodía y el sol no se quería mostrar. La ansiedad crecía. Pasaron las14 horas, no entendía pero esperaba que todo terminara pronto. La enfermera llamó a su padre y le dijo que sería mujer; el obedeció lo que debía hacer. Pasadas las 15:30 el sufrimiento pasó. Exactamente ese día era el de los «ñoquis», o del Ejército Argentino, si se prefiere, en el año 1983. La enfermera -luego- le entregó envuelto en una toalla de mano «ello» que le había crecido durante casi nueve meses en sus entrañas. Parecía oscuro, lloraba a gritos y tenía un rizo hilarante en su frente. Se sentía satisfecha y, sin quitarle la vista a esos pequeños ojos que la seguían, le dijo el médico: «Se llamará Mauricio José Gabriel».
MJGV
Linda historia…